Mira a tu alrededor

Hoy pasé por Londres. Hacía una tarde otoñal estupenda. Pasaba por Regent’s Park y miraba a la combinación de edificios y árboles que me rodeaba. Pensé en la suerte que tengo. Tengo la oportunidad de mirar por todos lados, porque mi velocidad me lo permite.

En el coche, sólo miras al tráfico. El no hacerlo tendría consecuencias graves. Pero en la bici, te puedes permitir una mirada más allá del vehículo que tienes delante. No mucho tiempo, pero lo suficiente para darte cuenta que hay vida más allá del asfalto.

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La Bici Corporativa #3: ¿Y el maletero?

Si lees con una mínima frecuencia este blog, te darás cuenta de que yo viajo mucho con el trabajo. Me supone llevar cosas, no muchas cosas, pero suficientes como para preocuparme de cómo los llevo: portátil, notas, alguna carpeta, etc. Cuando empecé a utilizar la bici para viajar al curro, ¡no me dijeron que el nuevo vehículo no tenía maletero! ¿Cómo puedo llevar mis cosas?

No puedo permitirme una espalda sudada

La opción utilizada para muchos muchos es utilizar una mochila. Una selección sencilla para muchos, pero eso viene con ciertos inconvenientes. Si circulas en Madrid e te afrontas al calor de julio o a una de sus numerables cuestas, es posible que perspires un poco. Con una mochila en la espalda, un momento de humedad temporal se convierte en una inundación embarazoso. No es exactamente el look ideal para la llegada a la oficina o, peor todavía, la reunión que tenías con el cliente a las nueve de la mañana.

Una alforja normal, como los Ortlieb que compré hace unos años para ir de vacaciones de ciclocampismo, podrían servir. Lo que no tienen es donde organizar el bloc de notas, las tarjetas de visita, el móvil, el portátil y su cargador, etc. De hecho, este último artículo es especialmente vulnerable a los posibles choques y rebotes, de lo cual una alforja no lo protege suficientemente. No solo eso, sino que las típicas alforjas te dan aspecto de estar al punto de salir a bucear o a cambiar la bici por un kayak al pasar por el Manzanares.

Ortlieb Roller

¿En que trabajas? – Pues, busco tesoro en los naufragios…


Me pregunte, “¿Por qué no hay un maletín que se puede afijar a la bici? Estaba equivocado. ¡El producto ya existía! Después de una búsqueda larga encontré lo que estaba buscando: un bolso del mismo fabricante de las alforjas que ya tenía, pero con una cobertura un con un aspecto algo más compatible con el escritorio.

Sitio donde poner todo

“Parece el carrito de compras de mi abuela” me dijo un compañero el otro día al ver mi nuevo maletín por primera vez. Algo ofendido por la falta de coincidencia con mi opinión, al final concluí que simplemente tenía envidia de mi sistema de transporte vocacional. A mí me parecía un recipiente profesional, pero ahora me surgen pequeñas dudas cuando saco el ordenador.

En cuanto a su función específico, lo hace muy bien. Hay una multitud de bolsillos para documentos, carpetas, móviles, bolígrafos, el portátil (tamaño más o menos grande), y una pequeña caja de herramientas y recambio de cámara de aire. El lado del bolso que se fija a la bici tiene plástico duro para evitar presiones contra el trasportín y por fuera tiene los típicos enganches para ponerlo en el transportín.

De quita y pon

La asa tiene un diseño inteligente. Tiras de ella y se abren los enganches para que lo puedas quitar de la bici en un solo movimiento. Eso tengo que admitir que tiene truco – al principio estaba ahí tirando de mi bicicleta y maldiciendo hasta pillarlo.

Para mí el maletín tiene un aspecto profesional, a pesar de los comentarios de mi compañero – ¿no sé qué opináis vosotros?

Así se pone en la bici grande, pero para la Brompton he tenido que buscar otra solución. Al principio pensaba que iba a tener que llevar otro bolso. Con este tema trato en la siguiente entrada…

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La Brompton: menos estrés viajando

Odiaba a las Brompton.

This image, which was originally posted to Flickr.com, was uploaded to Commons using Flickr upload bot on 01:26, 16 January 2010 (UTC) by Sladen (talk). On that date it was licensed under the license below. w:en:Creative Commons attributionshare alike 	This file is licensed under the Creative Commons Attribution-Share Alike 2.0 Generic license. 	      You are free:          to share – to copy, distribute and transmit the work         to remix – to adapt the work      Under the following conditions:          attribution – You must attribute the work in the manner specified by the author or licensor (but not in any way that suggests that they endorse you or your use of the work).         share alike – If you alter, transform, or build upon this work, you may distribute the resulting work only under the same or similar license to this one.

Las bicis plegables más plegables las asociaba con un cierto tipo de ciclista londinense particularmente agresivo. Hasta vi uno que tenía claxon, pitando a peatones que tenían la temeridad de cruzar la calle ante él. Bajando en King’s Cross, donde llego desde Cambridge, cada mañana me encontraba con varios juntos en el semáforo. Con mi antigua bicicleta plegable, sentía el desprecio de los demás.

Sin embargo, pensaba que tenía que haber un motivo más allá del esnobismo de haber tantas Bromptones en Londres. No puede ser síndrome Apple, ya que ahora la marca californiana de ordenadores se asocia más con la moda que con la practicidad. Por mucho Cycle Chic que puede haber en Copenhague o Ámsterdam, seamos honestos, no compras una bici plegable para lucir tu estilo al mundo.

El momento de decisión ya se me acercaba tras varios viajes pasando por Londres en trenes tipo cercanías absolutamente llenos de viajeros. Más de una vez la gente me criticaba por el espacio que ocupaba el antiguo vehículo y su tendencia a caerse en las piernas de una persona u otra. Sólo fue en su momento de estropearse del todo y cuando yo me di cuenta que no iba a ser capaz de arreglarla cuando decidí invertir en un modelo bastante más caro.

En diciembre del año pasado ya me hice con el nuevo velocípedo y empecé a viajar un poco más cómodamente en el tren.

Menos estrés viajando

El punto único de la Brompton es obvia si lo ves en su forma ya plegada. Se llega a doblarse en una forma más pequeña y más estable que cualquier otra bicicleta comparable. Eso permite a uno llevarlo casi como si fuera cualquier bulto de equipaje. Hasta Renfe permite llevarlos, aunque en principio hay que llevar algún tipo de funda. Todavía no me he enterado de las restricciones específicas.

La ventaja que proporciona su pequeño tamaño y estabilidad al estar plegada es la posibilidad de combinar diferentes modos de transporte sin estrés. Ya no me hacen comentarios en el tren. La semana pasada quedé con una compañera del trabajo para una presentación a un cliente, y a continuación fuimos en su coche a otra. Mi vehículo entraba en el suyo junto con todo lo demás que llevaba ella.

Es cierto que llevo un buen tiempo combinando la bici con el tren, sin tener que gastar más de mil euros en una bicicleta plegable especial. Antes muchas veces iba con un poco de estrés, porque tenía dudas si la bicicleta entraría en el tren, o si lo tendría que acompañar de pie en él cuando tenía que estar sentado y trabajando con el ordenador portátil. Ahora ya no tengo estas preocupaciones.

No son todas ventajas

A pesar de estas nuevas comodidades a la hora de viajar con la bicicleta, hay ciertos puntos detractores de tener un Brompton. Uno se entera del primer punto cuando haces una consulta sobre su precio. No estoy diciendo que no lo vale, pero su alto coste no sólo puede echar atrás a muchos posibles compradores. También es una preocupación adicional si lo quiero dejar atado en la ciudad o fuera del edificio de un cliente. Ahora tengo miedo que alguien lo querría robar.

Hay otros puntos prácticos que hay que tener en cuenta también. En la antigua bicicleta plegable, que tenía ruedas de 20 pulgadas, había un trasportín que era casi tan útil como la de mi bici de tamaño entero. En el pasado he llevado dos alfojas llenos en ella, lo cual me permitía trasnochar y viajar en trenes ocupados a la vez.

Ahora el tema del equipaje es más complicado. Puedo llevar mis asuntos del trabajo (portátil, bloc de notas, revistas, proyector, etc) en mi bolso habitual, utilizando un adaptador que se fija en el marco de la bicicleta. El trasportín trasero, sin embargo, tiene menos utilidad ya que las ruedas son de sólo 16 pulgadas. No sirve para poner una alforja normal. Hay que utilizar un bolso especialmente diseñado – que también es un coste más a tener en cuenta.

A pesar de estas incomodidades, la bici no deja de ser muchísimo más cómoda para combinar modos de transporte. Para utilizar como vehículo de negocios, creo que es una de las opciones más prácticas y me alegro de haberlo comprado.

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Mini-aventuras

Tengo un trabajo que implica viajar varias veces por semana.

Siempre que viaje para ir a reuniones o visitar a los clientes, intento combinar la bici con el tren. En los últimos meses he tenido unas experiencias inesperadas pero muy agradables. Estas veces, en vez de ser momentos que he compartido de alguna forma con mis compañeros, han sido pequeñas escapadas que he hecho sólo. Los estoy llamando “mini-aventuras” porque son desvíos inesperados o rutas desconocidos que he tenido que tomar entre el lugar de una reunión y la estación de tren más cercano.

Número 1: El bosque misterioso

La escena era una de las cenas de Navidad de la empresa, unas semanas antes de la fiesta invernal. Había ido con una compañera en su coche, con la bici plegable. El día siguiente, al terminar el evento, me encontré a unos 12km de la estación de tren más cercana. Entré en la aplicación de mapas para ver el camino más directo, e hice unos apuntes para llegar. Sin embargo, no me di cuenta que, a la mitad de camino, lo que me había parecido una carreterilla de campo se convertió en un camino por un bosque.

Una de las partes más bonitos del pequeño trayecto era el punto donde salí del bosque para cruzar un embalse.

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Image Copyright Phil Platt. Licenciado bajo bienes comunes creativos CC.

Al final del camino llegué con cuarenta minutos para coger el tren. Había un hotel encantador al lado de la estación de ferrocarril, donde tomé tranquilamente un café mientras trabajaba con el portátil.

Pasar momentos de tranquilidad en el trabajo así es uno de las cosas que más me gusta de viajar de esta forma.

A lo largo del año voy a ir publicando más de las muchas mini-aventuras que he disfrutado de forma espontánea.

Algún compañero ya me ha hecho comentarios acerca de utilizar la bici de esta forma, cuando nos reunimos en un hospital. Puedo justificar fácilmente el tiempo que utilizo viajando así, ya que en el subsiguiente viaje de tren, el tiempo lo utilizo productivamente.

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Grandes cambios en la vida

Acabo de tomar un descanso de escribir en el blog. Pido disculpas a mis lectores, pero han pasado dos grandes cosas en mi vida – algunas trágicas, otras que me han cambiado la vida de todo. Murió mi padre en enero, después de una lucha contra el cáncer que duró un año. Tristemente, no llegó a conocer a mi hija, su nieta, que nació un mes más tarde.
He tenido que priorizar los asuntos de la familia, con lo que la bitácora ha sufrido inevitablemente.
Pronto espero reiniciar la entradas. Gracias por vuestra paciencia y espero volver a veros pronto.

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Carreras de trabajo

Cada vez tengo más confianza utilizando la bicicleta abiertamente para viajes del trabajo. Hasta ahora, a pesar de haber escrito un artículo para la revista de empleados en que se menciona la bici, el actual uso del vehículo en el trabajo en algunas ocasiones lo he hecho un poco disimuladamente. Yo, “El Ciclista Urbano”, tenía vergüenza de su bici.

Varias experiencias seguidas me han cambiado de perspectiva. La primera me pasó hace tres semanas, cuando había quedado con dos de mis compañeras en un hospital en Londres. Poco después de llegar nos enteramos que estábamos en el centro sanitario equivocado, ya que hay dos asociados que están a tres kilómetros de distancia. Ellas cogieron un taxi, y yo fui en mi bicicleta plegable “vintage”, fabricado en Alemania del Oeste. Después de varias escenas de adelantamiento, yo gané la carrera por varios minutos. Me recordó de un momento parecido con un compañero mío en Madrid.

bici-taxi

La semana pasada, estaba haciendo demostraciones de equipos a otro hospital. Este viaje implicaba una visita a dos hospitales a unos 10km de distancia. Saliendo el mismo momento del primer reunión, tuve tiempo de llegar a la estación de ferrocarril, coger el tren hasta la siguiente ciudad y llegar hasta el segundo hospital diez minutos antes de mis colegas.

Y esta semana, con otro viaje del estilo, es donde tuvimos que combinar tres reuniones en un día: la primera en un laboratorio, la segunda en un hotel y la tercera otra vez en un laboratorio. El único problema es que el hotel estaba situada un poco fuera de la ciudad. Llegué diez minutos después del resto del grupo y, tengo que confesar, un poco sudado (creo que logré disimularlo).

Mi error fue dejar a mi compañero reservar aquel hotel: si estuviera un poco más de camino hacia el otro laboratorio, no habría tenido que desviarme tanto. Sin embargo, ¡llegué al siguiente laboratorio diez minutos antes del resto del grupo!

La experiencia me ha dejado todavía más convencido de que la combinación de la bici y el transporte público puede llegar a ser todavía más eficiente que el uso del coche. Lo único es que necesita un poco más de planificación… y ver dónde están las paradas. Sin embargo, la situación en Londres se resolvió todavía mejor con la bici, así que a veces es mejor tenerla a mano.

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El Coche de Google: ¿Seguridad o libertad?


El coche sin conductor de Google hace poco se ha hecho un paso más para acercarse a un mundo sin conductor. La empresa, que conocemos más por sus búsquedas en internet y direcciones de correo electrónico que por su conntribución al mundo del automóvil, lanzó su prototipo la semana pasada. Con una velocidad máxima de 40km/h, una ausencia de volante y una apariencia de juguete, no es algo que inspiraría a los gasolinófilos de este mundo.

La apariencia del vehículo feo-pero-futurístico me hizo pensar en la serie de televisión que veía de adolescente cada domingo en casa de mi abuela, El Coche Fantástico o Knight Rider.



Lejos del famoso Kitt, este vehículo, aparte de ser algo menos deportivo, no permite la intervención del conductor. El usuario entra, entrega su destino y el coche se dirige a ello por la ruta que más oportuna calcula.

Al principio, me parecía todo ventajas. Yo creo que los robots serán bastante mejores conductores que los humanos y que la tasa de muerte en nuestras carreteras se reducirá a un nivel comparable con los trenes y autobuses. Yo, como ciclista en la ciudad, agradeceré la mejora de seguridad más que la mayoría. Además, el tiempo perdido en conducir se reducirá a cero: podremos hacer muchas cosas, entre ellos terminar los mails del curro, leer informes, y actualizar nuestro Twitter, por ejemplo. En cuestión de eficiencia, los coches podrán acoplarse a otros para hacer “trenes” en la carretera, así reduciendo su consumo de energía y sus emisiones dañinas.

 

Dicho todo esto, me ha hecho (como a muchos) pensar en las implicaciones para la libertad. Suficiente hemos perdido ya con el hecho de que tu móvil te espía, y cada búsqueda que hagas en internet ya formará parte de una ficha detallada de tu vida. No podrás ir a ningún sitio sin que el todopoderoso Google rastrea cada movimiento tuyo, facilitando todavía más la erosión de privacidad de la que ya hemos perdido mucha. Hoy en día la mayoría de nosotros nos fiamos de nuestros gobiernos de no intentar de controlar cada ciudadano como en tiempos pasados, pero la cosa podría cambiar en el futuro, y Google sería obligado a dar información en tiempo real a la policía, quisiera o no.

 

Símbolo de libertad

Imagen de Bici-libertad "Freedom"

Esta bici sólo vale para ir cuesta abajo

Las ventajas personales de ir en bici, de los que he escrito hace un par de meses en la revista de empleados de mi curro, casi desaparecen, con una excepción importante. El motivo de salud sigue siendo clave en la lista de motivos de seguir utilizándolo, sobre todo ya que dos tercios de los británicos y 38,7% de los españoles ya tienen sobrepeso.

En respuesta al argumento de arriba, la bicicleta es una cosa fácil. A no ser que prohíban la utilización de vehículos de tracción manual del todo, la bici seguirá siendo una forma de desplazarse sin necesidad de un seguimiento por GPS… aunque muchos usuarios tendrán a Google Maps en marcha en su dispositivo móvil a todas horas.

Dento de cuarenta años, cuando los coches conducidos por humanos ya habrán desaparecido, espero poder seguir conduciendo a mi manera, sin que me vean como un excéntrico… atado a su concepto anticuado de la libertad.

Jack Kerouac - on the road in a Google Car


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