Bruselas… número dos

En la última entrada describí mi experiencia de llevar mi bici plegable en un tren internacional “Eurostar” entre Londres y Bruselas.

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Mi viaje a Bruselas fue diferente a la de hace tres años por dos motivos. Primero, que este viaje es profesional y no sólo para visitar a una amiga (que ya ha vuelto a España). Segundo, porque en vez de utilizar el sistema público de bicis “Villo”, esta vez he llevado a mi propia bici.
Llegué al sitio de las instituciones europeas con la bici y sin problemas. El siguiente reto sería llegar a la oficina pasando por una urbe que no conocía en un país donde sólo había circulado en bici una vez. Primera cosa que tengo que acordarme: llegando de Inglaterra, ahora tengo que circular por el otro lado.
Bruselas ha cambiado bastante desde el punto de vista de la bici desde mi última visita. Me acuerdo de una ciudad algo ambivalente a la bici, todavía con pocos usuarios diarios, pero que claramente deseaba ser algo que se parecía más a sus ciudades vecinas Gante y Brujas, cuyas calles son mucho más amigables a circular por potencia humana. Esta vez me he encontrado en la hora punta de commuters bici, teniendo que ajustar mi velocidad para seguir el tráfico de los demás.

Pensaba que circular con mi bicicleta inglés Brompton sería algo único allí. Resulta que no, hay tantos Bromptons en Bruselas como en Londres.

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El ayuntamiento ha puesto en marcha medidas que favorecen a las bicis, como la posibilidad de girar a la derecha con un semáforo en rojo. Se nota mucho uso del sistema público, que estaba en su infancia en mi última visita pero que ahora se ve bien establecido y mantenido.

Ahora hay rutas de bici señaladas por toda la ciudad, lo cual también ayuda a uno a orientarse.

Rutas de bici en Bruselas - señales

En vez de meterme por debajo del asfalto en el metro o sofocarme en un tranvía de hora punta, tuve el placer de atravesar dos parques cada de los cuatro días que he pasado en Bruselas. Hacía calor y humedad el día de mi llegada. Llevaba poca equipaje, pero llevaba una pequeña mochila en mi espalda que tenía mi ropa para la semana. Empecé a notar el sudor acumular por detrás y me paré para poder tratar con el asunto. Acabé bajando la mochila al trasportín del Brompton. No es un accesorio tán práctico como en bicicletas más grandes, incluso las plegables con ruedas de 20”, pero esta vez me sirvió. Pude poner a mi bolso tumbado en el trasportín y asegurarlo con el pulpo integrado en la bici. Molestaba a los talones a pedalear un poco, pero era mejor que llegar por mi primer día del trabajo sudando como un pollo.
Sin grandes problemas hasta este punto, terminé mi día de trabajo y me fui al hotel, donde tenía un poco de miedo de parecer un poco raro entrando con mi vehículo en vez de aparcarlo en un garaje.

 

Las dudas se me fueron cuando me encontré con otro huésped del hotel bajando su bicicleta plegable en el ascensor. Tenía que haberle preguntado cómo había llegado a la ciudad.

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Acerca de Ciclista Urbano

Un ciclista que vive en la ciudad y usa su bicicleta como modo de transporte.
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