“¡Qué Chulo!”

 

012116_2136_Transportar3.jpgUtilizar la bicicleta para llevar los niños al colegio no es nada raro en Cambridge. Yo soy uno de cientos de padres que utilizan un carro-remolque para llevar a mi pequeña. De hecho, como no se puede montar una silla de niño en una bicicleta plegable, es la única forma de combinar mi hija con la Brompton. No es una escena particularmente destacable aquí.

Sin embargo, sigue existiendo mucha gente a que no se le hubiera ocurrido transportar a otros pasajeros así. A algunos les impresiona la vista de una niña pequeña riéndose mientras vaya saltando los baches. (Eso ocurre sólo por las mañanas… por las tardes va media dormida después de un día agotador en la guardería).

Ayer por la mañana pasé por un grupo de estudiantes y una exclamó al verme pasar, “¡Que chulo! ¿Habéis visto la niña en el carro ése?” Claro, siendo estudiantes de fuera, a lo mejor no llevaba mucho tiempo viviendo en Cambridge.

Me alera saber, sin embargo, que hay gente que percibe el transporte así como algo divertido y positivo para mi niña.

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Bruselas… número dos

En la última entrada describí mi experiencia de llevar mi bici plegable en un tren internacional “Eurostar” entre Londres y Bruselas.

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Mi viaje a Bruselas fue diferente a la de hace tres años por dos motivos. Primero, que este viaje es profesional y no sólo para visitar a una amiga (que ya ha vuelto a España). Segundo, porque en vez de utilizar el sistema público de bicis “Villo”, esta vez he llevado a mi propia bici.
Llegué al sitio de las instituciones europeas con la bici y sin problemas. El siguiente reto sería llegar a la oficina pasando por una urbe que no conocía en un país donde sólo había circulado en bici una vez. Primera cosa que tengo que acordarme: llegando de Inglaterra, ahora tengo que circular por el otro lado.
Bruselas ha cambiado bastante desde el punto de vista de la bici desde mi última visita. Me acuerdo de una ciudad algo ambivalente a la bici, todavía con pocos usuarios diarios, pero que claramente deseaba ser algo que se parecía más a sus ciudades vecinas Gante y Brujas, cuyas calles son mucho más amigables a circular por potencia humana. Esta vez me he encontrado en la hora punta de commuters bici, teniendo que ajustar mi velocidad para seguir el tráfico de los demás.

Pensaba que circular con mi bicicleta inglés Brompton sería algo único allí. Resulta que no, hay tantos Bromptons en Bruselas como en Londres.

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El ayuntamiento ha puesto en marcha medidas que favorecen a las bicis, como la posibilidad de girar a la derecha con un semáforo en rojo. Se nota mucho uso del sistema público, que estaba en su infancia en mi última visita pero que ahora se ve bien establecido y mantenido.

Ahora hay rutas de bici señaladas por toda la ciudad, lo cual también ayuda a uno a orientarse.

Rutas de bici en Bruselas - señales

En vez de meterme por debajo del asfalto en el metro o sofocarme en un tranvía de hora punta, tuve el placer de atravesar dos parques cada de los cuatro días que he pasado en Bruselas. Hacía calor y humedad el día de mi llegada. Llevaba poca equipaje, pero llevaba una pequeña mochila en mi espalda que tenía mi ropa para la semana. Empecé a notar el sudor acumular por detrás y me paré para poder tratar con el asunto. Acabé bajando la mochila al trasportín del Brompton. No es un accesorio tán práctico como en bicicletas más grandes, incluso las plegables con ruedas de 20”, pero esta vez me sirvió. Pude poner a mi bolso tumbado en el trasportín y asegurarlo con el pulpo integrado en la bici. Molestaba a los talones a pedalear un poco, pero era mejor que llegar por mi primer día del trabajo sudando como un pollo.
Sin grandes problemas hasta este punto, terminé mi día de trabajo y me fui al hotel, donde tenía un poco de miedo de parecer un poco raro entrando con mi vehículo en vez de aparcarlo en un garaje.

 

Las dudas se me fueron cuando me encontré con otro huésped del hotel bajando su bicicleta plegable en el ascensor. Tenía que haberle preguntado cómo había llegado a la ciudad.

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¿Tiene bolso para la bici?

Brompton st Pancras

Hace unos años escribí una entrada acerca de un viaje lúdico que había realizado a Bruselas. Esta semana vuelvo a viajar a la misma ciudad – pero esta vez por motivos profesionales. Es allí donde mi nuevo empleador tiene su sede europeo. Viviendo (de momento) en Inglaterra, tengo el lujo de no estar obligado de viajar en avión para llegar al capital belga. Con un simple cambio de tren en Londres, un control de pasaportes y de seguridad un tanto molestos pero no iguales de desagradables como en el aeropuerto de Stansted, un viaje de 4h30 de puerta a puerta es posible. Este lujo no me va a durar demasiado más tiempo, ya que el inesperado voto para abandonar la Unión Europea me inspira a hacer mi propio Brexit (¿o debe ser exBrit?) con más prisa.

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Con la “nueva” bici plegable (que tiene ya año y medio, por lo cual ya no es tan nueva) tengo la opción en los trenes Eurostar para llevar la de dos ruedas como parte de mi equipaje. Así de fácil, pensé. Así tengo el mismo ejercicio como si estuviera en casa y veo un poco más de la ciudad europea, bastante más que podría si viajara entre el hotel y la oficina en metro, la opción por defecto. Yo soy una persona bastante racional y el tren subterráneo no me da especial miedo aún con los ataques terroristas en la estación de Malbeek (en la línea que conecta el hotel con la oficina). Aún así, evitar el metropolitano tiene una pequeña ventaja más. Si uno se pone a pensar así, por supuesto, hay que olvidar que mi medio de transporte elegido para llegar a Bruselas pasa durante treinta kilómetros por debajo de la mancha inglesa.
Me he desviado. Estaba hablando de la posibilidad de llevar la bici en el tren, pero se me olvidó comentar de la estúpida restricción. Había leído en el sitio web de Eurostar de la necesidad de una “bag” para envolver el vehículo antes de su subida al tren, pero no encontraba clarificación ninguna en la web corporativa ni en los blogs y foros de viajeros. Al final opté por llevar una gran bolsa de plástico que había conservado de una entrega a domicilio de un pequeño colchón.
Al llegar al control de seguridad me preguntó un guardia, “¿Tiene bolsa para la bici?”. Le dije que sí.

 

Él no exigió ver dicha bolsa, ni lo saqué en ningún momento. Subí la bici al tren como en cualquier otro tren británico y ni me miraron. Pregunté a un empleado de la empresa de trenes el motivo de su requisito de bolsa. Me contestó que era una medida de seguridad por sí se caía la bici encima de un niño. No sé exactamente cómo
Me pregunto si tendría la misma experiencia cuando vuelvo a España y deseo viajar en AVE u otro tren de largo recorrido. ¿Hay alguien que ha intentado viajar en aquellos trenes con una bici plegable? ¿Cómo fue la experiencia?

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El diésel: más sucio todavía de lo que pensábamos

Un estudio encargado por el departamento de transporte británico ha revelado que los coches diésel emiten hasta doce veces lo que dicen las pruebas de laboratorio.

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El diario The Guardian (Reino Unido) revela el límite de la exageración del mito del “gasóleo limpio”. Que existía una diferencia entre las pruebas de laborotorio que se utilizan para obtener las cifras oficiales y el “mundo real”… ya lo sabíamos. Pero el hecho de que sea por una margen tan grande ayuda a explicar el gran problema que tiene Madrid y su “boina” frecuente de contaminación.

Esta noticia sigue el escándalo de Volkswagen, que se enfrenta a costes de millones de millones de dólares en EUA por el software engañoso que detectaba cuando el coche estaba bajo prueba y efectivamente lograba falsificar las pruebas de emisiones. A mí me interesa cuánta diferencia habría entre los VW supuestamente engañosos y sus vehículos pares con pruebas del “mundo real”.

La idea de que el motor a diésel podría ser algo “limpio” se ha desmentido del todo. ¿Tiene la culpa Volkswagen de la contaminación? Sí, pero no creo que mucho más que el resto de la industria. El problema lo han generado el lobby automovilística y la Unión Europea entre otros por dejar un problema de lado que todos sabían que existía.

La culpa del problema de contaminación y las miles de muertes innecesarios anuales asociados no lo tiene algún fabricante en concreto. Necesitamos un cambio en la mentalidad del transporte en general.

¡Las cifras de emisiones de mi bici no mienten!

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Guía para Ciclistas de Ciudad – Libro

Para los que sueñan con volver a utilizar la bici para cambiar sus costumbres de transporte, no hay que esperar más. Han lanzado un libro que parece poder contestar a todas las dudas que uno tenía antes. El Cuaderno Para Ciclistas De Ciudad, publicado por la editorial independiente Contina me Tienes

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La guía empieza su primer capítulo con un resumen de benificios de utilizar la bici. Eso parece ser algo que sirve más de arma para los pesados compañeros que intentan despreciar a tu nuevo costumbre saludable y ecológico, más que para convencer a uno mismo a empezar con la bici.

Una vez tranquilos que vamos a seguir con el mismo modo de transporte, el cuaderno inicia su segundo capítulo por una breve historia de la bicicleta, junto a una introducción a los diferentes tipos de bicicleta. Cubre aquí todo lo fundamental de las bicicletas.

En esta sección considero que faltaba un poco más de información sobre las bicicletas urbanas más interesantes y que quizás los lectores típicos no se habrían planteado – las bicis de carga y de pasajeros. Para un usuario de bicicleta que supuestamente va a sustituir a su coche (o al autobús) con una bicicleta, las maneras de transportar a mercancias o a niños podrían ser de interés.

Sin embargo, los capítulos siguientes tres y cuatro, que tratan con los componentes de la bici y reparaciones básicas, son muy útiles – incluso para alguien como yo que me considero un experto en aquellos temas. El quinto capítulo pasa a dar consejos a los que todavían estan contemplando comprar o volver a utilizar una bicicleta, o sea, no lo han hecho todavía.

Al final me parece una guía bastante concisa y práctica, que sería un buen regalo para un amigo o familiar que acaba de empezar de circular en bicicleta, o bien un compañero que ha indicado un interés en hacer lo mismo. Mi copia vivirá en mi librería para las pequeñas referencias que podría necesitar de vez en cuando.

Hace tiempo que deseaba escribir esta review del libro pero, con una niña de doce meses que me despertaba cinco veces cada noche, las energías que necesito en las horas de la tarde son muy escasas. Sin embargo, el ejemplar que me enviaron ha permanecido demasiado tiempo en mi escritorio para que siga sin hacerlo caso.

 

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¿Te puedo preguntar algo? Preguntas sobre el transporte de niños.

Llevar un carro-remolque para el transporte de una niña no es algo tan inusual en Cambridge. En mi camino hacia la guardería, me encuentro con varios en el espacio de los quince minutos que típicamente tardo en realizar el trayecto.

A pesar de su relativa ubiquidad, me han parado cuatro personas durante la última semana para preguntarme sobre el carro.

¿Qué tal con el carro?

A esa pregunta respondo “Pues… ¡bien, supongo!” Se me ha vuelto algo tan cotidiano que es un poco como preguntarme ¿qué tal con los pies? Llevo a mi hija casi todos los días a la guardería así.

La primera cosa a tener en cuenta es el peso extra. El carro en sí pesa unos 14kg, al que obviamente tienes que añadir la masa de tu pequeñito/a. Si no estás acostumbrado a llevar una carga cuando viajas, las primeras excursiones pueden ser una sorpresa. Mi esposa te aconsejaría a hacer unos trayectos de práctica antes de emprender un viaje en que tienes un tiempo límite (como, por ejemplo, algo tan trivial como llegar al trabajo).

¿Y para ella?

Mi hija parece pasárselo bien. Siempre está mirando a su alrededor, sonriendo con frecuencia. Pocas veces se queja (comparado con cuando viaja en coche). Estando en invierno, hasta hace poco todavía se estaba anocheciendo cuando estamos de vuelta de la guardería, y a veces llora un poco. No sé si eso tiene que ver con la oscuridad, o con el hecho de que siempre tiene sueño a esta hora. De hecho, alguna vez se duerme en el viaje de vuelta.

Para viajar en coche, la silla de bebé que teníamos al principio se podía quitar del coche y poner directamente en el carrito. Lamentablemente, mi hija ya es demasiado grande para viajar en esta trona protectora, y hemos tenido que comprar otra que se enganche al asiento de atrás. Ya no podemos quitarla cuando está dormida.

Una ventaja del remolque es la posibilidad de convertirlo en carrito manual quitando el brazo del remolque y poniendo un rodín.

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¿Hay algún inconveniente?

Para mí, es casi todo ventajas. Tengo la necesidad de utilizar tres bicicletas diferentes para transportar a mi hija. La “normal” para la mayoría de los días, la Brompton para cuando viajo en tren, y la bici de mi esposa cuando ella se encarga de la ronda de la guardería. Sin embargo, hay algunas cosas que hay que tener en cuenta. Por eso más que nada elegí un carro-remolque en vez de una bici de carga.

El enganche puede ser un poco incómodo. Tengo un “Croozer Kid For One”, que compré de segunda mano a principios del año pasado. Las primeras veces que lo utilicé, me costaba conectar el remolque a la bici. Ahora que lo utilizo casi todos los días, lo puedo asegurar en segundos. De todas formas, el mío es un modelo antiguo: en 2014 mejoraron el diseño, pero todavía no he tenido ocasión para probarlo.

El carro no es del todo impermeable. Donde lo aparco fuera de la guardería, atado a un aparcabicis, no hay para protegerlo de la lluvia. Alguna vez la he recogido y por dentro el asiento ya ha estado húmedo. Durante los viajes no se moja, pero si está todo el día fuera en la lluvia, el agua sí se acumula. Si tienes sitio donde guardar el carro, no hay problema.

¿Cuánto cuesta?

Pagué €200 para un ejemplar de segunda mano en buen estado. Este modelo cuesta entre €400-500 nuevo, mientras el modelo para dos niños vale aproximadamente €100 más.

¿Lo recomendarías?

Para mí, funciona muy bien, sobre todo el hecho de que lo tenemos que utilizar con tres bicicletas diferentes. Pero no es para todos. Hay que tener un sitio donde guardarlo y aparcarlo. El peso extra es algo para tener en cuenta también. Lo importante es que tienes una respuesta a los que te dicen “con un bebé, ¡vas a necesitar un coche!”

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Transportar a un bebé en bicicleta

Dicen que convertirse en padre te cambia la vida por complete. Yo no voy a discrepar: desde que ha nacido mi hija a principios de este año, creo que mi experiencia es comparable con lo que en general experimentan los nuevos padres.

Sin embargo, había un aspecto de mi vida que no quería cambiar. Obviamente para los lectores de este blog, yo quería seguir utilizando la bicicleta para todos los aspectos de la vida – no pensaba cambiar el costumbre saludable de toda la vida.

Al principio, no tenía que cambiar mucho. Mi esposa estaba de baja maternal y cuidaba de mi hija, mientras yo seguía trabajando como siempre. Lo único que cambié entonces era mi bici plegable, del que ya he escrito un artículo.

Sabía que tarde o temprano necesitaría un sistema para transportar porque sin ello, la opción por defecto – la del coche – se impondría por mi esposa. Me puse a investigar. Acabé barajando varias opciones para llevar a mi pequeña querida.

Una silla en la bici: la opción más sencilla

Esta opción sólo es válida cuando la pequeña persona es capaz de mantenerse completamente bien sentada sin necesitar apoyo. Tuve que descartar esta opción directamente, porque pensaba realizar los primeros viajes a partir de cuatro meses cuando todavía le faltaba algo de rigidez en el cuello.

La silla es la opción más adecuada para muchas personas. Primero, implica el menor gasto, con precios que varían entre 50 y 100 euros. Además se puede adaptar a muchas bicicletas y no necesita ninguna preparación una vez instalada en la misma.
Hay una cosa que había considerado y eso era la seguridad. En caso de caída, me da más miedo que se hace daño a la niña, algo que en las demás opciones el riesgo se ve disminuido – como explicaré a continuación. No tendría que ser un accidente grave. De hecho, ya que estamos bien entrados en el invierno, lo que más miedo me da es un deslizamiento en el hielo. Eso dicho, este año no ha dado mucha ocasión para preocuparme todavía ya que las temperaturas matinales no han bajado de 10ºC.

Bicicleta de carga: la opción más cara

En Cambridge donde vivo actualmente, este tipo de vehículo se ve con frecuencia, dado que es una ciudad donde el uso de la bicicleta es totalmente normalizado – algo raro en el Reino Unido. Es fácil de ver el porqué. Son vehículos muy estables que suelen ser adaptados para dos niños. Tienen todo tipo de adaptadores para que hasta los niños muy pequeños podrían viajar seguramente.

Con seguridad sí, pero en España es posible que legalmente no, dado la nueva obligación de que TODOS los niños menores de 14 años se supone que ahora tienen que llevar un casco. Ridículo sea para vehículos que encajan la persona en un marco protector, el efecto de la ley parece ser prohibir llevar a cualquier niño menor de nueve meses. Depende hasta qué punto esa ley se imponga, dado que todavía no se han salido muchas noticias de sanciones por esa vía. Dicho eso, el simple hecho de viajar en España con un vehículo así llamaría mucho la atención.

Este tipo de transporte es el que más impacto tiene para el bolsillo. Una tricicleta especialmente diseñado para transportar niños puede costar en la región de 2.000€. Hay que tener en cuenta el peso que tiene (más el de sus ocupantes). Un ejemplo es la marca danesa Nihola. En su sitio web anuncia orgullosamente que su versión más grande, uno “puede llevar hasta seis niños y una caja de cerveza“. Para que los niños se divierten todavía más de su viaje, supongo.

Si crees que tus piernas no aguantarían este peso extra en las cuestas de Madrid, otras marcas como la holandesa Bakfiets ofrecen una opción de asistencia eléctrica. Para incluir esta opción, habría que añadir unos 500€ más. Esta marca parece muy adaptable, teniendo opciones como “tienda” para la lluvia y adaptadores específicos para una silla “de coche“.

Remolque: ventajas e inconvenientes, pero la mejor opción para mí

Finalmente hay una opción que se sitúa entre estas dos, tanto en funcionalidad, seguridad y precio.

Si lo que piensas es seguir utilizando tu bici de siempre, pero sin fijar algo semi-permanente a su estructura, el remolque es otra opción.

Empezamos con la principal desventaja: la necesidad de conectar y desconectar el aparato cada vez que lo quieres utilizar. Para mí, sin embargo, ese aspecto también tiene una ventaja: la posibilidad de compartirlo entre varias bicicletas. Yo soy el principal usuario, pero mi esposa (cuando soy capaz de convencerla) también lo necesita. Además, yo tengo dos bicis. Una híbrida (ya un poco fea de su uso diario en Madrid) que lo utilizo cuando trabajo desde casa, y una Brompton para cuando viajo en tren con el trabajo.

Para la portapersonas portátil, un remolque es la única opción viable. Montar una silla de niño en una bicicleta plegable es físicamente imposible, no sólo por las dimensiones de su trasportín y distancia del suelo, sino también por la pérdida de pliegabilidad. No podría llévalo en el tren sin eso.

En cuestión de precio, un nuevo Croozer Kid For One te podría costar entre €400-€500. Lo mío lo compré de segunda mano y me costó más o menos la mitad. Si la pequeña persona que piensas transportar tiene menos de nueve meses, necesitas una hamaca de niño. Es necesario porque su cuello todavía no es muy fuerte y necesita estar reclinado. Dado que es imposible poner un casco a un bebé así, lo más probable es que viajar así sea ilegal en España con el nuevo ley de tráfico. Ahora todos los niños menores de 16 años tienen que llevar casco. Aunque la ley sea de difícil aplicación cuando un niño va solo en la bici, ¡es menos así cuando va así acompañado de sus padres!

Hay una gran variedad de otras marcas y precios. Acabo de ver una página dedicada a remolques para bici en España, y tiene unas opciones bastante económicas. No tengo ni idea de su calidad.

A partir de nueve meses, ya puede ir con el soporte de bebé para el mismo modelo, que cuesta entre €60-€80.

Mi hija parece pasarlo muy bien en su nuevo vehículo, ya que vamos todos los días a la guardería así. Además me parece la opción más segura: Si tuviera un accidente con una silla de niño en la bici, la caída de la bici podría causar daños al niño. En un remolque, da igual lo que ocurre a la bici o si me caigo – el remolque se queda recta y la niña, segura. También es protegida por un marco de metal, algo que obvia la necesidad de un casco. Mientras nos quedemos en Cambridge, va a ser su medio de transporte más utilizado.

Un variante que he visto para esta opción es el tagalong, una especie de media-bicicleta que convierte tu bicicleta normal en algo que se parece a un tándem. La versión más innovadora que he visto últimamente se llama WeeHoo, disponible en la tienda Okocicle en Madrid.

 

 

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