Transportar a un bebé en bicicleta

Dicen que convertirse en padre te cambia la vida por complete. Yo no voy a discrepar: desde que ha nacido mi hija a principios de este año, creo que mi experiencia es comparable con lo que en general experimentan los nuevos padres.

Sin embargo, había un aspecto de mi vida que no quería cambiar. Obviamente para los lectores de este blog, yo quería seguir utilizando la bicicleta para todos los aspectos de la vida – no pensaba cambiar el costumbre saludable de toda la vida.

Al principio, no tenía que cambiar mucho. Mi esposa estaba de baja maternal y cuidaba de mi hija, mientras yo seguía trabajando como siempre. Lo único que cambié entonces era mi bici plegable, del que ya he escrito un artículo.

Sabía que tarde o temprano necesitaría un sistema para transportar porque sin ello, la opción por defecto – la del coche – se impondría por mi esposa. Me puse a investigar. Acabé barajando varias opciones para llevar a mi pequeña querida.

Una silla en la bici: la opción más sencilla

Esta opción sólo es válida cuando la pequeña persona es capaz de mantenerse completamente bien sentada sin necesitar apoyo. Tuve que descartar esta opción directamente, porque pensaba realizar los primeros viajes a partir de cuatro meses cuando todavía le faltaba algo de rigidez en el cuello.

La silla es la opción más adecuada para muchas personas. Primero, implica el menor gasto, con precios que varían entre 50 y 100 euros. Además se puede adaptar a muchas bicicletas y no necesita ninguna preparación una vez instalada en la misma.
Hay una cosa que había considerado y eso era la seguridad. En caso de caída, me da más miedo que se hace daño a la niña, algo que en las demás opciones el riesgo se ve disminuido – como explicaré a continuación. No tendría que ser un accidente grave. De hecho, ya que estamos bien entrados en el invierno, lo que más miedo me da es un deslizamiento en el hielo. Eso dicho, este año no ha dado mucha ocasión para preocuparme todavía ya que las temperaturas matinales no han bajado de 10ºC.

Bicicleta de carga: la opción más cara

En Cambridge donde vivo actualmente, este tipo de vehículo se ve con frecuencia, dado que es una ciudad donde el uso de la bicicleta es totalmente normalizado – algo raro en el Reino Unido. Es fácil de ver el porqué. Son vehículos muy estables que suelen ser adaptados para dos niños. Tienen todo tipo de adaptadores para que hasta los niños muy pequeños podrían viajar seguramente.

Con seguridad sí, pero en España es posible que legalmente no, dado la nueva obligación de que TODOS los niños menores de 14 años se supone que ahora tienen que llevar un casco. Ridículo sea para vehículos que encajan la persona en un marco protector, el efecto de la ley parece ser prohibir llevar a cualquier niño menor de nueve meses. Depende hasta qué punto esa ley se imponga, dado que todavía no se han salido muchas noticias de sanciones por esa vía. Dicho eso, el simple hecho de viajar en España con un vehículo así llamaría mucho la atención.

Este tipo de transporte es el que más impacto tiene para el bolsillo. Una tricicleta especialmente diseñado para transportar niños puede costar en la región de 2.000€. Hay que tener en cuenta el peso que tiene (más el de sus ocupantes). Un ejemplo es la marca danesa Nihola. En su sitio web anuncia orgullosamente que su versión más grande, uno “puede llevar hasta seis niños y una caja de cerveza“. Para que los niños se divierten todavía más de su viaje, supongo.

Si crees que tus piernas no aguantarían este peso extra en las cuestas de Madrid, otras marcas como la holandesa Bakfiets ofrecen una opción de asistencia eléctrica. Para incluir esta opción, habría que añadir unos 500€ más. Esta marca parece muy adaptable, teniendo opciones como “tienda” para la lluvia y adaptadores específicos para una silla “de coche“.

Remolque: ventajas e inconvenientes, pero la mejor opción para mí

Finalmente hay una opción que se sitúa entre estas dos, tanto en funcionalidad, seguridad y precio.

Si lo que piensas es seguir utilizando tu bici de siempre, pero sin fijar algo semi-permanente a su estructura, el remolque es otra opción.

Empezamos con la principal desventaja: la necesidad de conectar y desconectar el aparato cada vez que lo quieres utilizar. Para mí, sin embargo, ese aspecto también tiene una ventaja: la posibilidad de compartirlo entre varias bicicletas. Yo soy el principal usuario, pero mi esposa (cuando soy capaz de convencerla) también lo necesita. Además, yo tengo dos bicis. Una híbrida (ya un poco fea de su uso diario en Madrid) que lo utilizo cuando trabajo desde casa, y una Brompton para cuando viajo en tren con el trabajo.

Para la portapersonas portátil, un remolque es la única opción viable. Montar una silla de niño en una bicicleta plegable es físicamente imposible, no sólo por las dimensiones de su trasportín y distancia del suelo, sino también por la pérdida de pliegabilidad. No podría llévalo en el tren sin eso.

En cuestión de precio, un nuevo Croozer Kid For One te podría costar entre €400-€500. Lo mío lo compré de segunda mano y me costó más o menos la mitad. Si la pequeña persona que piensas transportar tiene menos de nueve meses, necesitas una hamaca de niño. Es necesario porque su cuello todavía no es muy fuerte y necesita estar reclinado. Dado que es imposible poner un casco a un bebé así, lo más probable es que viajar así sea ilegal en España con el nuevo ley de tráfico. Ahora todos los niños menores de 16 años tienen que llevar casco. Aunque la ley sea de difícil aplicación cuando un niño va solo en la bici, ¡es menos así cuando va así acompañado de sus padres!

Hay una gran variedad de otras marcas y precios. Acabo de ver una página dedicada a remolques para bici en España, y tiene unas opciones bastante económicas. No tengo ni idea de su calidad.

A partir de nueve meses, ya puede ir con el soporte de bebé para el mismo modelo, que cuesta entre €60-€80.

Mi hija parece pasarlo muy bien en su nuevo vehículo, ya que vamos todos los días a la guardería así. Además me parece la opción más segura: Si tuviera un accidente con una silla de niño en la bici, la caída de la bici podría causar daños al niño. En un remolque, da igual lo que ocurre a la bici o si me caigo – el remolque se queda recta y la niña, segura. También es protegida por un marco de metal, algo que obvia la necesidad de un casco. Mientras nos quedemos en Cambridge, va a ser su medio de transporte más utilizado.

Un variante que he visto para esta opción es el tagalong, una especie de media-bicicleta que convierte tu bicicleta normal en algo que se parece a un tándem. La versión más innovadora que he visto últimamente se llama WeeHoo, disponible en la tienda Okocicle en Madrid.

 

 

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Mira a tu alrededor

Hoy pasé por Londres. Hacía una tarde otoñal estupenda. Pasaba por Regent’s Park y miraba a la combinación de edificios y árboles que me rodeaba. Pensé en la suerte que tengo. Tengo la oportunidad de mirar por todos lados, porque mi velocidad me lo permite.

En el coche, sólo miras al tráfico. El no hacerlo tendría consecuencias graves. Pero en la bici, te puedes permitir una mirada más allá del vehículo que tienes delante. No mucho tiempo, pero lo suficiente para darte cuenta que hay vida más allá del asfalto.

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La Bici Corporativa #3: ¿Y el maletero?

Si lees con una mínima frecuencia este blog, te darás cuenta de que yo viajo mucho con el trabajo. Me supone llevar cosas, no muchas cosas, pero suficientes como para preocuparme de cómo los llevo: portátil, notas, alguna carpeta, etc. Cuando empecé a utilizar la bici para viajar al curro, ¡no me dijeron que el nuevo vehículo no tenía maletero! ¿Cómo puedo llevar mis cosas?

No puedo permitirme una espalda sudada

La opción utilizada para muchos muchos es utilizar una mochila. Una selección sencilla para muchos, pero eso viene con ciertos inconvenientes. Si circulas en Madrid e te afrontas al calor de julio o a una de sus numerables cuestas, es posible que perspires un poco. Con una mochila en la espalda, un momento de humedad temporal se convierte en una inundación embarazoso. No es exactamente el look ideal para la llegada a la oficina o, peor todavía, la reunión que tenías con el cliente a las nueve de la mañana.

Una alforja normal, como los Ortlieb que compré hace unos años para ir de vacaciones de ciclocampismo, podrían servir. Lo que no tienen es donde organizar el bloc de notas, las tarjetas de visita, el móvil, el portátil y su cargador, etc. De hecho, este último artículo es especialmente vulnerable a los posibles choques y rebotes, de lo cual una alforja no lo protege suficientemente. No solo eso, sino que las típicas alforjas te dan aspecto de estar al punto de salir a bucear o a cambiar la bici por un kayak al pasar por el Manzanares.

Ortlieb Roller

¿En que trabajas? – Pues, busco tesoro en los naufragios…


Me pregunte, “¿Por qué no hay un maletín que se puede afijar a la bici? Estaba equivocado. ¡El producto ya existía! Después de una búsqueda larga encontré lo que estaba buscando: un bolso del mismo fabricante de las alforjas que ya tenía, pero con una cobertura un con un aspecto algo más compatible con el escritorio.

Sitio donde poner todo

“Parece el carrito de compras de mi abuela” me dijo un compañero el otro día al ver mi nuevo maletín por primera vez. Algo ofendido por la falta de coincidencia con mi opinión, al final concluí que simplemente tenía envidia de mi sistema de transporte vocacional. A mí me parecía un recipiente profesional, pero ahora me surgen pequeñas dudas cuando saco el ordenador.

En cuanto a su función específico, lo hace muy bien. Hay una multitud de bolsillos para documentos, carpetas, móviles, bolígrafos, el portátil (tamaño más o menos grande), y una pequeña caja de herramientas y recambio de cámara de aire. El lado del bolso que se fija a la bici tiene plástico duro para evitar presiones contra el trasportín y por fuera tiene los típicos enganches para ponerlo en el transportín.

De quita y pon

La asa tiene un diseño inteligente. Tiras de ella y se abren los enganches para que lo puedas quitar de la bici en un solo movimiento. Eso tengo que admitir que tiene truco – al principio estaba ahí tirando de mi bicicleta y maldiciendo hasta pillarlo.

Para mí el maletín tiene un aspecto profesional, a pesar de los comentarios de mi compañero – ¿no sé qué opináis vosotros?

Así se pone en la bici grande, pero para la Brompton he tenido que buscar otra solución. Al principio pensaba que iba a tener que llevar otro bolso. Con este tema trato en la siguiente entrada…

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La Brompton: menos estrés viajando

Odiaba a las Brompton.

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Las bicis plegables más plegables las asociaba con un cierto tipo de ciclista londinense particularmente agresivo. Hasta vi uno que tenía claxon, pitando a peatones que tenían la temeridad de cruzar la calle ante él. Bajando en King’s Cross, donde llego desde Cambridge, cada mañana me encontraba con varios juntos en el semáforo. Con mi antigua bicicleta plegable, sentía el desprecio de los demás.

Sin embargo, pensaba que tenía que haber un motivo más allá del esnobismo de haber tantas Bromptones en Londres. No puede ser síndrome Apple, ya que ahora la marca californiana de ordenadores se asocia más con la moda que con la practicidad. Por mucho Cycle Chic que puede haber en Copenhague o Ámsterdam, seamos honestos, no compras una bici plegable para lucir tu estilo al mundo.

El momento de decisión ya se me acercaba tras varios viajes pasando por Londres en trenes tipo cercanías absolutamente llenos de viajeros. Más de una vez la gente me criticaba por el espacio que ocupaba el antiguo vehículo y su tendencia a caerse en las piernas de una persona u otra. Sólo fue en su momento de estropearse del todo y cuando yo me di cuenta que no iba a ser capaz de arreglarla cuando decidí invertir en un modelo bastante más caro.

En diciembre del año pasado ya me hice con el nuevo velocípedo y empecé a viajar un poco más cómodamente en el tren.

Menos estrés viajando

El punto único de la Brompton es obvia si lo ves en su forma ya plegada. Se llega a doblarse en una forma más pequeña y más estable que cualquier otra bicicleta comparable. Eso permite a uno llevarlo casi como si fuera cualquier bulto de equipaje. Hasta Renfe permite llevarlos, aunque en principio hay que llevar algún tipo de funda. Todavía no me he enterado de las restricciones específicas.

La ventaja que proporciona su pequeño tamaño y estabilidad al estar plegada es la posibilidad de combinar diferentes modos de transporte sin estrés. Ya no me hacen comentarios en el tren. La semana pasada quedé con una compañera del trabajo para una presentación a un cliente, y a continuación fuimos en su coche a otra. Mi vehículo entraba en el suyo junto con todo lo demás que llevaba ella.

Es cierto que llevo un buen tiempo combinando la bici con el tren, sin tener que gastar más de mil euros en una bicicleta plegable especial. Antes muchas veces iba con un poco de estrés, porque tenía dudas si la bicicleta entraría en el tren, o si lo tendría que acompañar de pie en él cuando tenía que estar sentado y trabajando con el ordenador portátil. Ahora ya no tengo estas preocupaciones.

No son todas ventajas

A pesar de estas nuevas comodidades a la hora de viajar con la bicicleta, hay ciertos puntos detractores de tener un Brompton. Uno se entera del primer punto cuando haces una consulta sobre su precio. No estoy diciendo que no lo vale, pero su alto coste no sólo puede echar atrás a muchos posibles compradores. También es una preocupación adicional si lo quiero dejar atado en la ciudad o fuera del edificio de un cliente. Ahora tengo miedo que alguien lo querría robar.

Hay otros puntos prácticos que hay que tener en cuenta también. En la antigua bicicleta plegable, que tenía ruedas de 20 pulgadas, había un trasportín que era casi tan útil como la de mi bici de tamaño entero. En el pasado he llevado dos alfojas llenos en ella, lo cual me permitía trasnochar y viajar en trenes ocupados a la vez.

Ahora el tema del equipaje es más complicado. Puedo llevar mis asuntos del trabajo (portátil, bloc de notas, revistas, proyector, etc) en mi bolso habitual, utilizando un adaptador que se fija en el marco de la bicicleta. El trasportín trasero, sin embargo, tiene menos utilidad ya que las ruedas son de sólo 16 pulgadas. No sirve para poner una alforja normal. Hay que utilizar un bolso especialmente diseñado – que también es un coste más a tener en cuenta.

A pesar de estas incomodidades, la bici no deja de ser muchísimo más cómoda para combinar modos de transporte. Para utilizar como vehículo de negocios, creo que es una de las opciones más prácticas y me alegro de haberlo comprado.

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Mini-aventuras

Tengo un trabajo que implica viajar varias veces por semana.

Siempre que viaje para ir a reuniones o visitar a los clientes, intento combinar la bici con el tren. En los últimos meses he tenido unas experiencias inesperadas pero muy agradables. Estas veces, en vez de ser momentos que he compartido de alguna forma con mis compañeros, han sido pequeñas escapadas que he hecho sólo. Los estoy llamando “mini-aventuras” porque son desvíos inesperados o rutas desconocidos que he tenido que tomar entre el lugar de una reunión y la estación de tren más cercano.

Número 1: El bosque misterioso

La escena era una de las cenas de Navidad de la empresa, unas semanas antes de la fiesta invernal. Había ido con una compañera en su coche, con la bici plegable. El día siguiente, al terminar el evento, me encontré a unos 12km de la estación de tren más cercana. Entré en la aplicación de mapas para ver el camino más directo, e hice unos apuntes para llegar. Sin embargo, no me di cuenta que, a la mitad de camino, lo que me había parecido una carreterilla de campo se convertió en un camino por un bosque.

Una de las partes más bonitos del pequeño trayecto era el punto donde salí del bosque para cruzar un embalse.

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Image Copyright Phil Platt. Licenciado bajo bienes comunes creativos CC.

Al final del camino llegué con cuarenta minutos para coger el tren. Había un hotel encantador al lado de la estación de ferrocarril, donde tomé tranquilamente un café mientras trabajaba con el portátil.

Pasar momentos de tranquilidad en el trabajo así es uno de las cosas que más me gusta de viajar de esta forma.

A lo largo del año voy a ir publicando más de las muchas mini-aventuras que he disfrutado de forma espontánea.

Algún compañero ya me ha hecho comentarios acerca de utilizar la bici de esta forma, cuando nos reunimos en un hospital. Puedo justificar fácilmente el tiempo que utilizo viajando así, ya que en el subsiguiente viaje de tren, el tiempo lo utilizo productivamente.

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Grandes cambios en la vida

Acabo de tomar un descanso de escribir en el blog. Pido disculpas a mis lectores, pero han pasado dos grandes cosas en mi vida – algunas trágicas, otras que me han cambiado la vida de todo. Murió mi padre en enero, después de una lucha contra el cáncer que duró un año. Tristemente, no llegó a conocer a mi hija, su nieta, que nació un mes más tarde.
He tenido que priorizar los asuntos de la familia, con lo que la bitácora ha sufrido inevitablemente.
Pronto espero reiniciar la entradas. Gracias por vuestra paciencia y espero volver a veros pronto.

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Carreras de trabajo

Cada vez tengo más confianza utilizando la bicicleta abiertamente para viajes del trabajo. Hasta ahora, a pesar de haber escrito un artículo para la revista de empleados en que se menciona la bici, el actual uso del vehículo en el trabajo en algunas ocasiones lo he hecho un poco disimuladamente. Yo, “El Ciclista Urbano”, tenía vergüenza de su bici.

Varias experiencias seguidas me han cambiado de perspectiva. La primera me pasó hace tres semanas, cuando había quedado con dos de mis compañeras en un hospital en Londres. Poco después de llegar nos enteramos que estábamos en el centro sanitario equivocado, ya que hay dos asociados que están a tres kilómetros de distancia. Ellas cogieron un taxi, y yo fui en mi bicicleta plegable “vintage”, fabricado en Alemania del Oeste. Después de varias escenas de adelantamiento, yo gané la carrera por varios minutos. Me recordó de un momento parecido con un compañero mío en Madrid.

bici-taxi

La semana pasada, estaba haciendo demostraciones de equipos a otro hospital. Este viaje implicaba una visita a dos hospitales a unos 10km de distancia. Saliendo el mismo momento del primer reunión, tuve tiempo de llegar a la estación de ferrocarril, coger el tren hasta la siguiente ciudad y llegar hasta el segundo hospital diez minutos antes de mis colegas.

Y esta semana, con otro viaje del estilo, es donde tuvimos que combinar tres reuniones en un día: la primera en un laboratorio, la segunda en un hotel y la tercera otra vez en un laboratorio. El único problema es que el hotel estaba situada un poco fuera de la ciudad. Llegué diez minutos después del resto del grupo y, tengo que confesar, un poco sudado (creo que logré disimularlo).

Mi error fue dejar a mi compañero reservar aquel hotel: si estuviera un poco más de camino hacia el otro laboratorio, no habría tenido que desviarme tanto. Sin embargo, ¡llegué al siguiente laboratorio diez minutos antes del resto del grupo!

La experiencia me ha dejado todavía más convencido de que la combinación de la bici y el transporte público puede llegar a ser todavía más eficiente que el uso del coche. Lo único es que necesita un poco más de planificación… y ver dónde están las paradas. Sin embargo, la situación en Londres se resolvió todavía mejor con la bici, así que a veces es mejor tenerla a mano.

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