Carreras de trabajo

Cada vez tengo más confianza utilizando la bicicleta abiertamente para viajes del trabajo. Hasta ahora, a pesar de haber escrito un artículo para la revista de empleados en que se menciona la bici, el actual uso del vehículo en el trabajo en algunas ocasiones lo he hecho un poco disimuladamente. Yo, “El Ciclista Urbano”, tenía vergüenza de su bici.

Varias experiencias seguidas me han cambiado de perspectiva. La primera me pasó hace tres semanas, cuando había quedado con dos de mis compañeras en un hospital en Londres. Poco después de llegar nos enteramos que estábamos en el centro sanitario equivocado, ya que hay dos asociados que están a tres kilómetros de distancia. Ellas cogieron un taxi, y yo fui en mi bicicleta plegable “vintage”, fabricado en Alemania del Oeste. Después de varias escenas de adelantamiento, yo gané la carrera por varios minutos. Me recordó de un momento parecido con un compañero mío en Madrid.

bici-taxi

La semana pasada, estaba haciendo demostraciones de equipos a otro hospital. Este viaje implicaba una visita a dos hospitales a unos 10km de distancia. Saliendo el mismo momento del primer reunión, tuve tiempo de llegar a la estación de ferrocarril, coger el tren hasta la siguiente ciudad y llegar hasta el segundo hospital diez minutos antes de mis colegas.

Y esta semana, con otro viaje del estilo, es donde tuvimos que combinar tres reuniones en un día: la primera en un laboratorio, la segunda en un hotel y la tercera otra vez en un laboratorio. El único problema es que el hotel estaba situada un poco fuera de la ciudad. Llegué diez minutos después del resto del grupo y, tengo que confesar, un poco sudado (creo que logré disimularlo).

Mi error fue dejar a mi compañero reservar aquel hotel: si estuviera un poco más de camino hacia el otro laboratorio, no habría tenido que desviarme tanto. Sin embargo, ¡llegué al siguiente laboratorio diez minutos antes del resto del grupo!

La experiencia me ha dejado todavía más convencido de que la combinación de la bici y el transporte público puede llegar a ser todavía más eficiente que el uso del coche. Lo único es que necesita un poco más de planificación… y ver dónde están las paradas. Sin embargo, la situación en Londres se resolvió todavía mejor con la bici, así que a veces es mejor tenerla a mano.

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El Coche de Google: ¿Seguridad o libertad?


El coche sin conductor de Google hace poco se ha hecho un paso más para acercarse a un mundo sin conductor. La empresa, que conocemos más por sus búsquedas en internet y direcciones de correo electrónico que por su conntribución al mundo del automóvil, lanzó su prototipo la semana pasada. Con una velocidad máxima de 40km/h, una ausencia de volante y una apariencia de juguete, no es algo que inspiraría a los gasolinófilos de este mundo.

La apariencia del vehículo feo-pero-futurístico me hizo pensar en la serie de televisión que veía de adolescente cada domingo en casa de mi abuela, El Coche Fantástico o Knight Rider.



Lejos del famoso Kitt, este vehículo, aparte de ser algo menos deportivo, no permite la intervención del conductor. El usuario entra, entrega su destino y el coche se dirige a ello por la ruta que más oportuna calcula.

Al principio, me parecía todo ventajas. Yo creo que los robots serán bastante mejores conductores que los humanos y que la tasa de muerte en nuestras carreteras se reducirá a un nivel comparable con los trenes y autobuses. Yo, como ciclista en la ciudad, agradeceré la mejora de seguridad más que la mayoría. Además, el tiempo perdido en conducir se reducirá a cero: podremos hacer muchas cosas, entre ellos terminar los mails del curro, leer informes, y actualizar nuestro Twitter, por ejemplo. En cuestión de eficiencia, los coches podrán acoplarse a otros para hacer “trenes” en la carretera, así reduciendo su consumo de energía y sus emisiones dañinas.

 

Dicho todo esto, me ha hecho (como a muchos) pensar en las implicaciones para la libertad. Suficiente hemos perdido ya con el hecho de que tu móvil te espía, y cada búsqueda que hagas en internet ya formará parte de una ficha detallada de tu vida. No podrás ir a ningún sitio sin que el todopoderoso Google rastrea cada movimiento tuyo, facilitando todavía más la erosión de privacidad de la que ya hemos perdido mucha. Hoy en día la mayoría de nosotros nos fiamos de nuestros gobiernos de no intentar de controlar cada ciudadano como en tiempos pasados, pero la cosa podría cambiar en el futuro, y Google sería obligado a dar información en tiempo real a la policía, quisiera o no.

 

Símbolo de libertad

Imagen de Bici-libertad "Freedom"

Esta bici sólo vale para ir cuesta abajo

Las ventajas personales de ir en bici, de los que he escrito hace un par de meses en la revista de empleados de mi curro, casi desaparecen, con una excepción importante. El motivo de salud sigue siendo clave en la lista de motivos de seguir utilizándolo, sobre todo ya que dos tercios de los británicos y 38,7% de los españoles ya tienen sobrepeso.

En respuesta al argumento de arriba, la bicicleta es una cosa fácil. A no ser que prohíban la utilización de vehículos de tracción manual del todo, la bici seguirá siendo una forma de desplazarse sin necesidad de un seguimiento por GPS… aunque muchos usuarios tendrán a Google Maps en marcha en su dispositivo móvil a todas horas.

Dento de cuarenta años, cuando los coches conducidos por humanos ya habrán desaparecido, espero poder seguir conduciendo a mi manera, sin que me vean como un excéntrico… atado a su concepto anticuado de la libertad.

Jack Kerouac - on the road in a Google Car


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La bici corporativa: la recompensa

Se acaba de empezar un nuevo año fiscal en el Reino Unido (van de abril a marzo), y es el momento para muchos para saber si han tenido una subida de sueldo u otro cambio financiero en su entorno laboral.

A lo largo del tiempo en esta bitácora he escrito sobre mis esfuerzos de convencer a mi empleador los beneficios de ir en bici, de evitar el uso del coche y en concreto ahorrar gastos y tiempo por no tener un coche corporativo asignado a mí. Yo siempre he argumentado que, por el ahorro del contrato de arrendamiento del coche y también de tiempo y de administración por parte del departamento de personal, merecía una recompensa fiscal para eso.

Hasta ahora no me habían hecho caso.

Mi jefa me dijo hace una semana un papel que demostró que desde este mes voy a tener la equivalente de la mitad de la antigua prestación por uso del coche personal (que ya no se ofrece a los empleados). Yo quería más pero, por otro lado, ¡es mejor que nada!

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Qué morro tienes, ¿no?

Escribir sobre las reacciones de mis compañeros de trabajo a mi costumbre de evitar el coche e utilizar la bici para los viajes de negocio empieza a ser más interesante. Noto que algo ha cambiado, y no sólo por el artículo que escribí en la revista de empleados.

Fuente:  Deccan Chronicle

Fuente: Deccan Chronicle

No sólo es el hecho de que los comentarios de la gente ya tienden a ser menos negativos y no se ponen a la defensiva en seguida. Es que mis colegas han empezado a tomarme en serio. Creo que al principio, de forma parecida a lo que me pasó en Madrid, pensaban todos que yo estaba loco. Parece que el argumento del artículo ha convencido a algunos.

El otro día fui a una reunión en un hospital con varios compañeros. Trevor, el comercial responsable para esta zona, me acompañó al salir y, como el aparcabicis estaba justo a la entrada principal del centro sanitario, me detuve allí para recoger mi vehículo. El delegado se quedó igual de sorprendido que mi otro compañero hace un par de meses. Pero esta vez hubo un tono de indignación burlona:

Trevor: “¿Has venido en la bicicleta hasta aquí?”

Yo: “¡Sí, claro!”

Trevor: “Y, ¿cuánto has tardado en llegar?”

Yo: “Unos veinte minutos.”

Trevor: “¿Haces esto a menudo?”

Yo: “Siempre que sea práctico, o sea, sí, casi todos los días que viajo.”

Trevor: “Entonces, si has venido aquí hasta el hospital desde la estación, y también te has trasladado desde tu casa a la estación en Cambridge… calculo que has tenido una hora de ejercicio además de un paseo agradable en bici, ¿verdad?”

Yo: “Hoy en concreto he tenido que ir entre King’s Cross y Waterloo, que son quince minutos más. Pero una hora por día creo que sería un promedio razonable.”

Trevor: “Vamos a ver. Has logrado incorporar tu régimen de ejercicio en la rutina diaria casi sin esforzarte, y encima lo haces en horario del trabajo. Qué morro tienes, ¿no?”

De repente mi selección de modo de transporte ya no parece algo ideológico, sino simplemente lógico.

 

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La Bici Corporativa: Gastos

El final del año fiscal se acerca en el Reino Unido y hoy estaba haciendo administración para calcular impuestos. Trabajo desde casa y he descubierto hoy que tengo la posibilidad de desgravar lo que gastaba en casa para el uso adicional de gas y luz. En el mismo formulario para hacer esta reclamación, encontré esta página:

Resulta que puedo declarar un gasto de 20 peniques por milla que recorro por motivos laborales. Es algo que me parece muy sensato: así se podría animar a la gente utilizar su bicicleta para mucho más de lo que se imagina normalmente.

Entonces me puse a calcular la distancia que cubro en bicicleta para el curro. Estoy recorriendo una media de 100 millas por mes (160km), un total de 1.900km al año. Mi empleador no me paga este gasto: actualmente no se encuentra en la política de gastos. Entonces puedo reclamar lo que a mí me ha “costado” cubrir esta distancia.

Las implicaciones fiscales no son tan importantes, pero ha merecido la pena hacer el ejercicio. Lo bueno es que he podido reciclar los mismos datos que ya había recogido para calcular el gasto del tren comparado con el carburante y el parking, y también para el tiempo perdido conduciendo.

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25 días perdidos

“Una cosa, el coche corporativo…” pregunté a la directora en el momento de aceptar mi oferta de trabajo; “¿Le importaría que lo deniegue por ahora?” Algo sorprendida, asintió a un periodo de prueba, para asegurar que el plan no costaría una fortuna y que yo no estaría todo el rato viajando en vez de trabajando. Irónico.

La mayoría de mis compañeros también se quedaron perplejos. Aparte del ahorro de impuestos de aproximadamente 2.000 €, no había mucho motivo para mi fiscalmente. Y todavía existía la cuestión de que si saldría bien o no para la empresa.

Dicho eso, no es sólo cuestión de dinero y por eso decidí escribir este artículo acerca de por qué he elegido una ruta alternativa al coche corporativo.

Dinero

© Won Park.

Acabo de decir que no se trata únicamente del dinero, pero primero tenía que convencer a mi jefa que no causaría gastos excesivos. Durante los primeros seis meses, registraba cada viaje de trabajo que hice, comparando el coste del viaje en tren (y taxi donde fuera necesario) con el equivalente gasto para combustible y el parking que precisaba. Variaba mucho: a veces el billete de tren era el doble del diésel, mientras en otras ocasiones salía considerablemente menos caro.

El tren sale mejor en la mayoría de parámetros

A lo largo del periodo, los costes eran similares. La opción “tren y taxi” acabó incluso un poco más barato – y eso sin tener en cuenta los gastos fijos asociados con proporcionar el vehículo. Hasta ahora, me ha ahorrado 1.500 libras en impuestos, y la empresa miles más en costes de renting.

Seguridad

La guía de seguridad de mi empresa dice al nuevo empleado que conducir un vehículo motorizado es una de las cosas más peligrosas que hará como parte de su trabajo. Uno en cada tres choques en carretera implica alguien viajando para el trabajo, y en España murieron 3.5 personas por día así en 2013.

Cuando algo es cómodo de hacer y lo hacemos a menudo, nos volvemos complacientes acerca de los riesgos implicados y como humanos, traducir estadísticas en decisiones sobre peligro personal no es algo que hacemos bien. Trágicamente, la realidad se me acercó hace un año cuando murió un compañero de trabajo en autovía justo antes de Navidad de 2012 y una amiga mía perdió a su marido, hace varios meses.

A pesar del famoso accidente de Santiago el verano pasado, los siniestros en el sistema de ferrocarril son tan poco frecuentes como para ser difíciles de comparar.

Tiempo

De puerta a puerta, el coche parece ser mucho más rápido. Pero a continuación describo por qué yo considero que no tengo tiempo para conducir en mi trabajo.

En el mismo análisis que realicé para el dinero, también estaba mirando los tiempos de viaje. Añadía tiempo para conexiones con el tren al inicio y al final de los viajes, y para aparcar. Por cada día que viajo para el trabajo, paso aproximadamente 45 minutos más haciéndolo de mi manera. ¿Por qué elegiría yo un método que casi siempre tardaba más? Un análisis básico devuelve lo siguiente:

Mirémoslo con lupa. En la mayoría de los viajes en tren puedo trabajar, calculo un 75% del tiempo, (dejando tiempo para viajar a la estación, conexiones y tiempo perdido en general). Así que, durante seis meses yo pasé 34 días laborales sentado en un tren, pasé una buena proporción de este tiempo haciendo algo productivo, el equivalente de 25 días laborales (basado en un día laboral de diez horas – las cifras en la hoja de cálculo arriba cuentan un día como 24 horas). Para contrastar, los 29 días que pasé conduciendo habrían sido 100% “perdidos”.

El análisis asumía viajes perfectos pero, con cualquier tipo de transporte, lo inesperado puede pasar. Lo mismo que puedes tener retrasos en el tren, sólo hace falta el disparate de alguien para fastidiar el M-40 y crear kilómetros de atascos.

El peor retraso de tren que he sufrido duró tres horas. Durante aquel tiempo, archivé mis correos electrónicos, escribí un reportaje y me puse al día con mis gastos. Cuando dos semanas después estuve atrapado durante dos horas en la autovía, tuve poco más que hacer que maldecirme, bañándome en mi miseria escuchando a actualizaciones de tráfico por la radio.

Se puede pensar en los 25,7 días útiles que pasé viajando como un mes extra que he pasado currando. Dicho de otra forma, no hay horas suficientes en el día para que conduzca a mis destinos y también terminar todo el trabajo que tengo que hacer.

Salud

A pesar de lo que he dicho acerca de la seguridad, es mucho más probable en tiempos modernos que nos matará algo bastante menos violento que un impacto de alta velocidad. Nuestros estilos de vida poco activos son el auténtico problema, llevándonos a todo tipo de enfermedades desde problemas con el corazón, a obesidad, hasta el cáncer.

La comodidad de puerta-a-puerta del automóvil nos hace ver las conexiones necesarias del transporte público como una molestia. Yo no lo veo así. Para mí, me hace caminar distancias más largas, subir y bajar escaleras y utilizar la bici como medio de desplazarme a la estación. Aun así, es probable que no haga suficiente ejercicio a lo largo de la semana, pero por lo menos algo hago.

Así, tomo un pequeño paso a una vida más larga y saludable sin tener que apuntarme a un gimnasio, que seguramente no utilizaría de todas formas.

Medio ambiente

Ah, el planeta. Este tiene la última mención porque de otra forma este artículo me condenaría a ser visto como algún tipo de hippy. Todos debemos ser buenos guardianes de nuestro medio ambiente, pero a veces el dinero, las costumbres y la comodidad nos lo hacen más difícil.

Dicen que, para evitar los peores efectos del cambio climático, debemos limitar las emisiones medias por persona a 3,5 toneladas. La mayoría de los españoles emiten tres veces esta cifra. Si todo el mundo viviera así, haría falta de tres Tierras para que fuera sostenible.

¿Qué es lo más importante?

Para mí, el factor más importante es la salud. No hago mucho deporte y tengo poca motivación para ir al gimnasio, ir en bici hasta las estaciones y caminar por ellos para cambiar de tren es un ejercicio extra que no tendría de otra forma. Para la empresa, se convierte en siete meses de trabajo por el precio de seis, con la ventaja añadida de una reducción de baja (o muerte) por enfermedad es como lo vendría.

Nota

Escribí una versión de este artículo para la revista interna de mi empleador. Su objetivo era convencer a mis compañeros que no estaba loco por dejar el coche corporativo y viajar en tren y en bici. Ya me diréis si cumple o no su misión. Este artículo es una adaptación para el blog. Al final recorté una parte acerca de los accidentes y la seguridad, porque tenía miedo que podía ofender o afectar a empleados todavía sensibles a lo sucedido.

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Pero, ¿has venido a la reunión así?

Pensaba que mis compañeros del trabajo ya conocían mi extraño costumbre de rechazar el automóvil. Pero a la última reunión del año pasado mi compañero se sorprendió con mi selección de vehículo. Creo que no había visto nunca una persona combinando un traje con una bici.

Mira, no es tan raro ir en bici en la lluvia. Éste de arriba utiliza un paraguas, yo un impermeable. A lo mejor me esperaba en Lycra. No entiende que mi “ropa de ciclismo” es mi ropa. No hay límites de lo que se puede poner en la bici.

Bueno, hay límites.

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