La bici corporativa: la recompensa

Se acaba de empezar un nuevo año fiscal en el Reino Unido (van de abril a marzo), y es el momento para muchos para saber si han tenido una subida de sueldo u otro cambio financiero en su entorno laboral.

A lo largo del tiempo en esta bitácora he escrito sobre mis esfuerzos de convencer a mi empleador los beneficios de ir en bici, de evitar el uso del coche y en concreto ahorrar gastos y tiempo por no tener un coche corporativo asignado a mí. Yo siempre he argumentado que, por el ahorro del contrato de arrendamiento del coche y también de tiempo y de administración por parte del departamento de personal, merecía una recompensa fiscal para eso.

Hasta ahora no me habían hecho caso.

Mi jefa me dijo hace una semana un papel que demostró que desde este mes voy a tener la equivalente de la mitad de la antigua prestación por uso del coche personal (que ya no se ofrece a los empleados). Yo quería más pero, por otro lado, ¡es mejor que nada!

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Qué morro tienes, ¿no?

Escribir sobre las reacciones de mis compañeros de trabajo a mi costumbre de evitar el coche e utilizar la bici para los viajes de negocio empieza a ser más interesante. Noto que algo ha cambiado, y no sólo por el artículo que escribí en la revista de empleados.

Fuente:  Deccan Chronicle

Fuente: Deccan Chronicle

No sólo es el hecho de que los comentarios de la gente ya tienden a ser menos negativos y no se ponen a la defensiva en seguida. Es que mis colegas han empezado a tomarme en serio. Creo que al principio, de forma parecida a lo que me pasó en Madrid, pensaban todos que yo estaba loco. Parece que el argumento del artículo ha convencido a algunos.

El otro día fui a una reunión en un hospital con varios compañeros. Trevor, el comercial responsable para esta zona, me acompañó al salir y, como el aparcabicis estaba justo a la entrada principal del centro sanitario, me detuve allí para recoger mi vehículo. El delegado se quedó igual de sorprendido que mi otro compañero hace un par de meses. Pero esta vez hubo un tono de indignación burlona:

Trevor: “¿Has venido en la bicicleta hasta aquí?”

Yo: “¡Sí, claro!”

Trevor: “Y, ¿cuánto has tardado en llegar?”

Yo: “Unos veinte minutos.”

Trevor: “¿Haces esto a menudo?”

Yo: “Siempre que sea práctico, o sea, sí, casi todos los días que viajo.”

Trevor: “Entonces, si has venido aquí hasta el hospital desde la estación, y también te has trasladado desde tu casa a la estación en Cambridge… calculo que has tenido una hora de ejercicio además de un paseo agradable en bici, ¿verdad?”

Yo: “Hoy en concreto he tenido que ir entre King’s Cross y Waterloo, que son quince minutos más. Pero una hora por día creo que sería un promedio razonable.”

Trevor: “Vamos a ver. Has logrado incorporar tu régimen de ejercicio en la rutina diaria casi sin esforzarte, y encima lo haces en horario del trabajo. Qué morro tienes, ¿no?”

De repente mi selección de modo de transporte ya no parece algo ideológico, sino simplemente lógico.

 

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La Bici Corporativa: Gastos

El final del año fiscal se acerca en el Reino Unido y hoy estaba haciendo administración para calcular impuestos. Trabajo desde casa y he descubierto hoy que tengo la posibilidad de desgravar lo que gastaba en casa para el uso adicional de gas y luz. En el mismo formulario para hacer esta reclamación, encontré esta página:

Resulta que puedo declarar un gasto de 20 peniques por milla que recorro por motivos laborales. Es algo que me parece muy sensato: así se podría animar a la gente utilizar su bicicleta para mucho más de lo que se imagina normalmente.

Entonces me puse a calcular la distancia que cubro en bicicleta para el curro. Estoy recorriendo una media de 100 millas por mes (160km), un total de 1.900km al año. Mi empleador no me paga este gasto: actualmente no se encuentra en la política de gastos. Entonces puedo reclamar lo que a mí me ha “costado” cubrir esta distancia.

Las implicaciones fiscales no son tan importantes, pero ha merecido la pena hacer el ejercicio. Lo bueno es que he podido reciclar los mismos datos que ya había recogido para calcular el gasto del tren comparado con el carburante y el parking, y también para el tiempo perdido conduciendo.

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25 días perdidos

“Una cosa, el coche corporativo…” pregunté a la directora en el momento de aceptar mi oferta de trabajo; “¿Le importaría que lo deniegue por ahora?” Algo sorprendida, asintió a un periodo de prueba, para asegurar que el plan no costaría una fortuna y que yo no estaría todo el rato viajando en vez de trabajando. Irónico.

La mayoría de mis compañeros también se quedaron perplejos. Aparte del ahorro de impuestos de aproximadamente 2.000 €, no había mucho motivo para mi fiscalmente. Y todavía existía la cuestión de que si saldría bien o no para la empresa.

Dicho eso, no es sólo cuestión de dinero y por eso decidí escribir este artículo acerca de por qué he elegido una ruta alternativa al coche corporativo.

Dinero

© Won Park.

Acabo de decir que no se trata únicamente del dinero, pero primero tenía que convencer a mi jefa que no causaría gastos excesivos. Durante los primeros seis meses, registraba cada viaje de trabajo que hice, comparando el coste del viaje en tren (y taxi donde fuera necesario) con el equivalente gasto para combustible y el parking que precisaba. Variaba mucho: a veces el billete de tren era el doble del diésel, mientras en otras ocasiones salía considerablemente menos caro.

El tren sale mejor en la mayoría de parámetros

A lo largo del periodo, los costes eran similares. La opción “tren y taxi” acabó incluso un poco más barato – y eso sin tener en cuenta los gastos fijos asociados con proporcionar el vehículo. Hasta ahora, me ha ahorrado 1.500 libras en impuestos, y la empresa miles más en costes de renting.

Seguridad

La guía de seguridad de mi empresa dice al nuevo empleado que conducir un vehículo motorizado es una de las cosas más peligrosas que hará como parte de su trabajo. Uno en cada tres choques en carretera implica alguien viajando para el trabajo, y en España murieron 3.5 personas por día así en 2013.

Cuando algo es cómodo de hacer y lo hacemos a menudo, nos volvemos complacientes acerca de los riesgos implicados y como humanos, traducir estadísticas en decisiones sobre peligro personal no es algo que hacemos bien. Trágicamente, la realidad se me acercó hace un año cuando murió un compañero de trabajo en autovía justo antes de Navidad de 2012 y una amiga mía perdió a su marido, hace varios meses.

A pesar del famoso accidente de Santiago el verano pasado, los siniestros en el sistema de ferrocarril son tan poco frecuentes como para ser difíciles de comparar.

Tiempo

De puerta a puerta, el coche parece ser mucho más rápido. Pero a continuación describo por qué yo considero que no tengo tiempo para conducir en mi trabajo.

En el mismo análisis que realicé para el dinero, también estaba mirando los tiempos de viaje. Añadía tiempo para conexiones con el tren al inicio y al final de los viajes, y para aparcar. Por cada día que viajo para el trabajo, paso aproximadamente 45 minutos más haciéndolo de mi manera. ¿Por qué elegiría yo un método que casi siempre tardaba más? Un análisis básico devuelve lo siguiente:

Mirémoslo con lupa. En la mayoría de los viajes en tren puedo trabajar, calculo un 75% del tiempo, (dejando tiempo para viajar a la estación, conexiones y tiempo perdido en general). Así que, durante seis meses yo pasé 34 días laborales sentado en un tren, pasé una buena proporción de este tiempo haciendo algo productivo, el equivalente de 25 días laborales (basado en un día laboral de diez horas – las cifras en la hoja de cálculo arriba cuentan un día como 24 horas). Para contrastar, los 29 días que pasé conduciendo habrían sido 100% “perdidos”.

El análisis asumía viajes perfectos pero, con cualquier tipo de transporte, lo inesperado puede pasar. Lo mismo que puedes tener retrasos en el tren, sólo hace falta el disparate de alguien para fastidiar el M-40 y crear kilómetros de atascos.

El peor retraso de tren que he sufrido duró tres horas. Durante aquel tiempo, archivé mis correos electrónicos, escribí un reportaje y me puse al día con mis gastos. Cuando dos semanas después estuve atrapado durante dos horas en la autovía, tuve poco más que hacer que maldecirme, bañándome en mi miseria escuchando a actualizaciones de tráfico por la radio.

Se puede pensar en los 25,7 días útiles que pasé viajando como un mes extra que he pasado currando. Dicho de otra forma, no hay horas suficientes en el día para que conduzca a mis destinos y también terminar todo el trabajo que tengo que hacer.

Salud

A pesar de lo que he dicho acerca de la seguridad, es mucho más probable en tiempos modernos que nos matará algo bastante menos violento que un impacto de alta velocidad. Nuestros estilos de vida poco activos son el auténtico problema, llevándonos a todo tipo de enfermedades desde problemas con el corazón, a obesidad, hasta el cáncer.

La comodidad de puerta-a-puerta del automóvil nos hace ver las conexiones necesarias del transporte público como una molestia. Yo no lo veo así. Para mí, me hace caminar distancias más largas, subir y bajar escaleras y utilizar la bici como medio de desplazarme a la estación. Aun así, es probable que no haga suficiente ejercicio a lo largo de la semana, pero por lo menos algo hago.

Así, tomo un pequeño paso a una vida más larga y saludable sin tener que apuntarme a un gimnasio, que seguramente no utilizaría de todas formas.

Medio ambiente

Ah, el planeta. Este tiene la última mención porque de otra forma este artículo me condenaría a ser visto como algún tipo de hippy. Todos debemos ser buenos guardianes de nuestro medio ambiente, pero a veces el dinero, las costumbres y la comodidad nos lo hacen más difícil.

Dicen que, para evitar los peores efectos del cambio climático, debemos limitar las emisiones medias por persona a 3,5 toneladas. La mayoría de los españoles emiten tres veces esta cifra. Si todo el mundo viviera así, haría falta de tres Tierras para que fuera sostenible.

¿Qué es lo más importante?

Para mí, el factor más importante es la salud. No hago mucho deporte y tengo poca motivación para ir al gimnasio, ir en bici hasta las estaciones y caminar por ellos para cambiar de tren es un ejercicio extra que no tendría de otra forma. Para la empresa, se convierte en siete meses de trabajo por el precio de seis, con la ventaja añadida de una reducción de baja (o muerte) por enfermedad es como lo vendría.

Nota

Escribí una versión de este artículo para la revista interna de mi empleador. Su objetivo era convencer a mis compañeros que no estaba loco por dejar el coche corporativo y viajar en tren y en bici. Ya me diréis si cumple o no su misión. Este artículo es una adaptación para el blog. Al final recorté una parte acerca de los accidentes y la seguridad, porque tenía miedo que podía ofender o afectar a empleados todavía sensibles a lo sucedido.

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Pero, ¿has venido a la reunión así?

Pensaba que mis compañeros del trabajo ya conocían mi extraño costumbre de rechazar el automóvil. Pero a la última reunión del año pasado mi compañero se sorprendió con mi selección de vehículo. Creo que no había visto nunca una persona combinando un traje con una bici.

Mira, no es tan raro ir en bici en la lluvia. Éste de arriba utiliza un paraguas, yo un impermeable. A lo mejor me esperaba en Lycra. No entiende que mi “ropa de ciclismo” es mi ropa. No hay límites de lo que se puede poner en la bici.

Bueno, hay límites.

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No lamas a la ventana, cariño

Hoy me levanté de mal humor. Mi novia se ha ido a España para pasar una semana de celebrar las navidades con su familia y amigos, mientras yo me aburro unos días más en Cambridge.

Pero hoy por la mañana en el tren, he tenido un recordatorio de lo divertido que puede ser la vida, y lo que perdemos muchas veces aislándonos en una caja de metal para desplazarnos.

1Photo: Kaspias Caravan

Llevaba mi bici plegable en el tren y, poco después de sentarme, el niño de dos años de enfrente se empezó a entretenerse con la que le pasaba al alrededor. Yo estaba ahí con mi portátil, ensimismado en mi trabajo pero de vez en cuando me fijaba en la familia que tenía a mi izquierda.

La madre pasó la hora del viaje que era mi commute era una hora de “tiempo de calidad” con su hijo y marido. Claro, el niño no sólo sonreía, hacía lo típico de lo que hacen los que llevan poco tiempo en este planeta, también se quejaba y lloraba pero… al final, ¿Cuántas personas desean pasar más tiempo con su familia? La madre, además tenía mucho material con que entretener al niño, entre las vacas de los campos al principio del viaje, entre los edificios altos a la llegada de Londres hasta las palomas en el andén, no faltaba nuevas cosas para ampliar el creciente vocabulario del pequeño.

¿La alternativa? Pues el viaje podría haberse realizado en un coche. Las tres personas atadas a su asiento, apuntadas en la misma dirección y refrenadas por sus cinturones de seguridad, y con poca interacción entre ellos. El viaje en coche habría sido un tiempo perdido, una hora sin hablar, una hora olvidada.

El momento que más me llamó la atención era cuando la madre le reprochó al niño con las palabras, “no lamas a la ventana, cariño”. Tuve que contener mi risa. El viaje no sólo ha sido un tiempo juntos con la familia, sino también una diversión para mí y para los demás viajeros.

He escrito muchos artículos en este sitio sobre las ventajas de la bici para el trabajo y para la vida individual, pero la experiencia de hoy me ha inspirado, y me he dado cuenta que evitar el coche también abre posibilidades para la familia que muchos ignoramos.

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Positivismo

Por fin. Un reportaje en la tele sobre el ciclismo urbano que cuenta como es, sin liarse con el tema del casco, sin quejarse de lo “horrible” que es ir en bici en Madrid.

la 2Justo lo que necesitaba. El “guía” es Raúl, mejor conocido como wheels en la bitácora En Bici Por Madrid. El reportaje se fija en los puntos positivos sin parecer propogandística.

Que tengamos más cosas así y menos negativismo así:

Seguros Genesis.

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